El sistema tributario peruano clasifica los ingresos de las personas naturales en distintas categorías para efectos del Impuesto a la Renta (IR). Entre ellas, las rentas de segunda categoría ocupan un lugar relevante, pues abarcan diversas fuentes de ingresos que no provienen de actividades empresariales ni de trabajo dependiente o independiente, sino de operaciones ocasionales o vinculadas a la explotación de ciertos bienes.
Una de las más frecuentes y con mayor impacto económico es la venta de inmuebles, operación que muchas personas realizan en algún momento de su vida, ya sea como parte de una inversión, herencia, o incluso para mejorar su calidad de vida al adquirir una nueva vivienda. Sin embargo, este tipo de transacciones puede generar obligaciones tributarias que, de no conocerse y cumplirse correctamente, derivan en sanciones o en pagos innecesarios.