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Pymes le temen a la Sunat: el 69% dice que sus fiscalizaciones son la mayor barrera

Relacionarse con el Estado no es sencillo para ninguna empresa peruana, pero para las pequeñas y medianas empresas (pymes) hay un actor que concentra buena parte de esa incomodidad: la Superintendencia Nacional de Aduanas y de Administración Tributaria (Sunat). Así lo confirma el estudio “Empresas y Estado: Diagnóstico de barreras y oportunidades para la formalización y el crecimiento”, elaborado por Ipsos Perú por encargo del gremio ComexPerú, que pone cifras concretas a una tensión que muchos contadores y asesores tributarios conocen de primera mano por sus propios clientes.

La Sunat, en el centro de las quejas

El hallazgo más contundente del estudio es que el 69% de las pymes consultadas señala a la Sunat como la entidad estatal cuyas fiscalizaciones generan el mayor impacto negativo sobre su operación diaria. Es decir, no se trata de una molestia aislada de unos cuantos negocios: es la experiencia predominante entre las empresas de menor tamaño en su vínculo con el aparato público.

Este dato confirma algo que en el ecosistema contable ya se venía observando: la fiscalización tributaria no solo demanda tiempo y recursos, sino que también puede convertirse en una fuente constante de incertidumbre para negocios que, en muchos casos, no cuentan con un área legal o contable dedicada exclusivamente a atender requerimientos de la administración tributaria.

No es solo cuánto fiscalizan, sino cómo lo hacen

Según el informe, el problema de fondo no es únicamente la frecuencia de las fiscalizaciones, sino el enfoque con el que se ejecutan. El 40% de las pymes percibe que las fiscalizaciones de la Sunat tienen, sobre todo, un carácter sancionador antes que orientador o preventivo.

A esta percepción se suma un segundo problema, quizás más delicado desde el punto de vista de la gestión empresarial: la falta de predictibilidad. El 88% de las pymes encuestadas afirma que los criterios o las interpretaciones que aplican los fiscalizadores de la Sunat cambian con cierta frecuencia. Esto significa que una misma operación o un mismo tipo de gasto puede ser observado de manera distinta según el auditor o el momento en que se revise, lo que dificulta a las empresas planificar su cumplimiento tributario con seguridad.

Como resumió Patricia Rojas, Public Affairs Senior Director de Ipsos Perú, una fiscalización poco predecible eleva los costos de cumplimiento y puede terminar convirtiéndose en una barrera adicional para crecer dentro de la formalidad. En otras palabras: el problema no es únicamente pagar impuestos, sino no saber con certeza qué reglas exactas se aplicarán al momento de una revisión.

El problema crece junto con la empresa

Un dato que llama la atención del estudio es que las dificultades vinculadas a la fiscalización no disminuyen a medida que una empresa crece, sino que se intensifican. El 82% de las grandes empresas identifica el manejo de las fiscalizaciones como su principal problema en la relación con el Estado, un porcentaje incluso mayor al reportado por las pymes. Asimismo, el 47% de las grandes empresas señala que los inspectores de la Sunat cambian de criterio con frecuencia durante los procesos de auditoría.

Esto sugiere que, conforme un negocio se formaliza y aumenta de tamaño, no solo enfrenta más obligaciones, sino también más puntos de contacto con distintas entidades fiscalizadoras. Según explicó Rojas, la interacción institucional evoluciona con el tamaño del negocio: la supervisión municipal que suele acompañar a una empresa en sus primeras etapas da paso, en los segmentos superiores, a una fiscalización tributaria y laboral simultánea. Ese incremento en los puntos de contacto con el Estado representa, en la práctica, un reto adicional para el crecimiento empresarial.

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Lo que puede hacer una pyme mientras se debate la política tributaria

Más allá de la discusión sobre política pública, que tomará tiempo en traducirse en cambios normativos concretos, las pymes tienen en sus manos algunas medidas prácticas para reducir su exposición ante una eventual fiscalización y afrontarla con menos incertidumbre:

  • Documentar cada operación de forma sólida y no solo formal: contar con contratos, comprobantes y evidencia adicional que acredite que una operación efectivamente ocurrió tal como se declaró, anticipándose a pedidos de sustento más allá de la factura.
  • Registrar por escrito los criterios aplicados en decisiones contables relevantes: ante la posibilidad de que un fiscalizador interprete una norma de forma distinta a la esperada, tener un sustento técnico documentado ayuda a defender la posición de la empresa.
  • Monitorear los plazos de fiscalización: conocer si se trata de una revisión parcial o definitiva, y los tiempos que la Sunat tiene para desarrollarla, permite a la empresa organizar con anticipación la información que deberá presentar.
  • Apoyarse en asesoría contable y tributaria especializada: contar con un contador o estudio que conozca los criterios más recientes aplicados por la Sunat reduce el riesgo de sorpresas frente a cambios de interpretación.
  • Utilizar herramientas contables digitales: un sistema contable ordenado y actualizado facilita responder con rapidez ante cualquier requerimiento, un factor clave cuando los plazos de fiscalización son ajustados.
  • Participar en espacios gremiales: sumarse a cámaras de comercio o asociaciones empresariales permite a las pymes mantenerse informadas sobre cambios normativos y sumar su voz a iniciativas como la “nueva formalidad” que plantea ComexPerú.

    Una alerta que el sector contable no puede ignorar

    Este estudio confirma, con cifras, algo que muchos contadores y asesores tributarios ya percibían en su trabajo diario con clientes pyme: el temor a la Sunat no siempre nace de un incumplimiento real, sino de la falta de predictibilidad en los criterios de fiscalización. Para el sector contable, esto representa tanto un reto como una oportunidad: la de acompañar a las empresas no solo en el cumplimiento formal de sus obligaciones, sino también en la construcción de un respaldo documental sólido que las proteja frente a interpretaciones cambiantes.

    Mientras el debate sobre una “nueva formalidad” avanza a nivel gremial y estatal, la recomendación práctica para las pymes sigue siendo la misma: invertir en orden contable y asesoría especializada como la mejor forma de convertir el miedo a una fiscalización en la tranquilidad de estar preparados.

 

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